El teléfono y el contenedor de basura

28 Septiembre, 2020

Para comunicarse de verdad, antes estuvo el telegrama con varios “stop” o “punto”. La carta por correo era lo más, pero tenía cierta demora. El teléfono callejero fue una revolución. Hicimos cola ante ellos, esperando a leer la crónica a la redacción cuando estábamos desplazados cubriendo informaciones.  Usábamos el télex, luego se implantó el dex y terminó llegando el fax. A muchos ni les sonarán esos artilugios.

José Joaquín Sieso 28.09.20

La comunicación se movía por aparatos que ahora se considerarían restos arqueológicos, si se conservaran. Recuerdo haber tenido un dex portátil, con un telefonillo inverso que se acoplaba mediante una cinta al teléfono de una cabina y así, lentamente y echando monedas, se podían ir transmitiendo las hojas escritas a mano para que fuesen recibidas en el periódico y ser “picadas” allí. Era un avance que asombraba y envidiaba a quienes me veían manejarlo.

A las revistas gráficas se enviaban diapositivas por correo para su publicación. La verdad es que entonces Correos funcionaba mejor que ahora. Y las notas de prensa se entregaban en mano en las redacciones por repartidores o también se enviaban por correo si estaban fuera de la localidad. Tengo 62 años y todo esto lo he vivido, aunque parezca del Jurásico.

Hemos evolucionado a velocidad vertiginosa y hemos asimilado las nuevas tecnologías. No conozco a nadie que añore el télex, el telegrama o la cabina telefónica. Pero su recuerdo es, a la vez, la satisfacción del avance imparable de la tecnología que ahora aplicamos y la demostración palpable de que nos estamos convirtiendo en algo distinto a lo que éramos hace cuatro décadas.

Ver todavía cabinas telefónicas, ahora que se quieren retirar de uso por su mínima utilización y por el vandalismo que se ceba sobre ellas, me remueve. Me salvaron muchas informaciones a tiempo, después de que al enamorado que estaba delante se le acabasen las perras que introducía por la ranura. Fueron la comunicación de una España que sólo podía confiarse a ellas. Su desaparición próxima será un nuevo paso hacia la ruptura con lo que hemos sido hasta hace un puñado de años. Habría que debatir si romper con nuestro pasado inmediato es bueno.

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